Recogemos en esta página una síntesis del cuento
"Kaidara", perteneciente a la tradición oral peule, y recogido por Hampâte Bâ. El texto íntegro se encuentra publicado por la editorial Kairós, Barcelona,2001.
Cuenta, cuenta, que contarás...
¿Eres veraz?
Para los chiquillos que juguetean a la luz de la luna, mi cuento es una historia maravillosa.
Para las hilanderas de algodón durante las largas noches de la estación fría, mi relato es un pasatiempo deleitoso.
Para los mentones velludos y los talones rugosos, es una auténtica revelación.
Soy por tanto, al mismo tiempo, fútil, útil e instructivo.
Cuéntalo entonces para nosotros...
Sucedió en el misterioso país del sobrenatural Kaidara, que la memoria humana no logra situar con exactitud ni en el tiempo ni en el espacio.
¡Oh amados hijos de mi propio padre! Manna,1 que fue el primero en narrar esta aventura, la situó pocas invernadas después del periodo que presenció el endurecimiento de las montañas. La época en que los genios terminaban de excavar el cauce de los ríos.2
Hammadi3 salió de su casa en el momento en que el horizonte se iluminaba con la pálida claridad dorada que alumbra la aparición y el ocaso del Gran Monarca Tuerto.4 Anduvo maquinalmente hasta la gran encrucijada. Se detuvo. Estaba tan arrobado que ni siquiera oyó los pasos de Hamtudo, quien acababa de llegar por uno de los tres caminos5 que confluían en aquella encrucijada. Por su parte, Hamtudo, seducido por la belleza de la aurora y el maravilloso espectáculo de las nubes multicolores, cual sirvientes reales engalanados para el despertar del Lamido, tenía la mirada y el oído extraviados de tan cautivado como estaba por aquel grandioso espectáculo. Se quedó encandilado. No reparó en que un hombre había llegado antes que él.6.
Al cabo de unos instantes, Demburu apareció en los linderos de la encrucijada y vio a los dos hombres que le habían precedido, pero advirtió que estaban tan fascinados que cada uno ignoraba la presencia del otro.
-¡Eh, hijos de mi propia madre! -exclamó-. Inclinaos cuanto podáis, pues la esbelta sirvienta del Gran Monarca Tuerto se dispone a levantar los cortinajes de humo que interceptaban vuestra visión y os ocultaban la aparición del rey de mil brazos luminosos.
El hechizo se rompió, y los dos hombres salieron de su éxtasis. Ambos se volvieron para ver quién hablaba. Y los tres se encontraron formando un triángulo como el que forman las tres piedras de un fogón.7
Una voz8 atronadora hendió el espacio diciendo:
-¡En, hombres deslumbrados por la luz!,9 dirigios al bosque sagrado de la primera aldea que encontréis. Ofreced en holocausto la primera presa que cobréis a la carrera.10
Hammadi, Hamtudo y Demburu se adentraron en la maleza. Sorprendieron a un oso hormiguero.11Lo mataron, lo descuartizaron y lo transportaron al centro de la encrucijada. Encendieron una gran hoguera. Echaron en ella la pieza y esperaron a que el fuego la hubiese consumido del todo. Cuando el fuego terminó de devorar al animal, una voz proclamó con fuerza:
-¡Oh, Hammadi! ¡Oh, Hamtudo! ¡Oh, Demburu! Vuestro sacrificio ha sido aceptado. Vuestro viaje al país de los enanos12 será una aventura, pero una aventura venturosa. Limpiad el lugar13 donde el fuego del cielo14 acaba de devorar15 al oso hormiguero antes de ser devorado a su vez por el espacio.
Los tres amigos limpiaron el lugar y al punto descubrieron una piedra plana16 de forma triangular que medía nueve codos de contorno y tres de lado. Una de las caras de la piedra estaba pintada de negro y la otra de blanco. Una voz aérea dictó:
-¡Eh, los tres amigos!, calzaos las sandalias,17 colgaos el zurrón en bandolera y tomad cada uno un bastón 18 en el que apoyarse de vez en cuando y del que valerse al mismo tiempo para hacer avanzar a su bestia de carga.
En aquel mismo instante, accionada por una mano invisible, la piedra triangular giró sobre mágicas charnelas.
Ocultó su lado negro y mostró su lado blanco, dejando al descubierto una escalera de nueve peldaños que conducía bajo tierra. Los tres amigos descendieron sin vacilar. La escalera los condujo a un lugar donde encontraron, aguardándoles, tres bueyes de carga colmados de agua y de víveres.
-¡Saludo a los viajeros que se dirigen al país de los enanos! Aquí tenéis tres animales a vuestro servicio. Más adelante, recibiréis otros de parte de aquel que es el pozo de la ciencia y la montaña de la sabiduría.
-¿Cómo se llama?, ¿dónde se encuentra? -aventuró Hamtudo,19 antes de añadir- y tú, el que habla, ¿quién eres?, ¿dónde estás? –
-Lo sabrás cuando sepas que no sabes20 y estés deseando saber.
[En su viaje por el mundo intermediario, el país de los enanos, los tres amigos se van a ir encontrando con 12 símbolos, un camaleón, un murciélago, un escorpión, una laguna rodeada de reptiles, un hoyo lleno de agua que nunca se vacía, una avutarda imposible de atrapar, un macho cabrío que eyacula una y otra vez sobre una cepa, dos árboles que alternativamente aparecen frondosos y secos, considerados el ombligo del país de los enanos, un anciano de pies serpentiformes que guarda en su granja un gallo que se transforma en morueco, luego en toro y por último en incendio que devasta la sabana......]
Los tres amigos prosiguieron su camino, contentos de no haber sido carbonizados. Tomaron el primer camino que les salió al paso. Lo siguieron durante cuarenta días y cuarenta noches, marchando cuando todo el mundo dormía y durmiendo cuando todo el mundo velaba y marchaba.
Al cuadragésimo día, antes de que el sol estuviese por encima de sus cabezas, llegaron a un valle encajonado entre altas montañas. Éstas habían sido talladas por la lluvia y las arroyadas, y cada picacho había adquirido la forma estilizada de un ser fabuloso.
Nada más hollar el suelo de aquel valle, los compañeros oyeron voces que cantaban a coro en todos los tonos:
Los seres son prisioneros,
prisioneros de la muerte implacable.
La muerte que desgrana el tiempo...
el tiempo engulle a la muerte...
el aire aviva el fuego,
las almas celebran el oficio...
los justos pagan el diezmo...
¿De dónde venís, hijos de Kiikala?
¿Adonde vais, retoños Naagara?
¿Quiénes sois, animales bípedos?
Hammadi, el más improvisador de los tres, respondió:
La vida y la muerte están en nosotros.
Luchando una contra otra
como lucha el agua contra la tierra
y la tierra contra el agua.
A cada avance por la derecha
corresponde una retirada por la izquierda.
Toda ganancia al este se salda
con una pérdida al oeste.
Nuestro deseo de saber
es un fuego prendido en nuestro interior.
El viento de vuestra ciencia
sopla y lo aviva más todavía.
Hemos celebrado a tiempo
el oficio de nuestra plegaria.
En el lugar hemos vertido
la leche nutricia y propiciatoria.
Hemos pagado el diezmo de mantequilla.
Procedemos de una gotita
convertida en mágica lluvia
dentro de una cavidad secreta y fecunda.
Vamos hacia la disyunción,
hacia la putrefacción,
hacia el retorno al origen.
Somos criaturas creadas
pero a la vez creadas creadoras.
No hemos desfallecido por el camino.
Hemos pedido la paz.
Vamos hacia Kaidara,
el lejano y tan próximo Kaidara.
Todo el valle respondió:
-Las recompensas de vuestros actos nos os defraudarán. Id hacia Kaidara, el lejano y tan próximo Kaidara.
[ En su recorrido por el valle, los tres amigos encontraran los últimos símbolos del país de los enanos: el décimo, dos chorros que salían de sendos pozos completamente llenos, de modo que intercambiaban sus olas sin dejar caer ni una gota en un tercer pozo seco que se encontraba entre ellos, y el undécimo, un hombre haciendo leña, que a pesar de no ser capaz de recoger el haz de madera que iba acumulando volvía al bosque a por más, el último símbolo, al final del valle lo constituye la casa de la putrefacción en cuyo centro se encuentra el trono de oro de Kaidara, que cambia de forma a voluntad sin tener ninguna permanente.
Kaidara recompesa a cada uno con tres bueyes cargados de oro, advirtiéndoles que lo empleen bien ya que gracias a él podrán conseguir todo lo que deseen, incluidas la escala que asciende hasta la cúspide del cielo y las escaleras que descienden hasta el seno de la tierra.
Mientras Demburu y Hamtudo pretende utilizarlo para adquirir poder temporal y riquezas materiales, Hammadi esta dispuesto a gastar todas sus ganancias por adquirir la sabiduría que le desvele el significado de los símbolos con los que se han ido encontrado.
Considerado como un loco y un ingenuo por sus compañeros de viaje, Hammadi cambia a un anciano todo el oro recibido por tres consejos. Será gracias a ellos como Hammadi podrá regresar felizmente a su aldea, cargado con todo el oro, y será elegido rey.
Pero a pesar de convertirse en un rey justo y respetado por todos, el interés de Hammadi estará siempre en la búsqueda del concimiento. Convocaba a hombres de reputad sabiduría de todos los países. Los interrogaba con la esperanza de encontrar a alguien que pudiera explicarle el sentido profundo de los símbolos.]
Un día de entre los días de Gueno 22, un mendigo, errando de puerta en puerta, fue a parar a la de Hammadi. Estaba más muerto que vivo y andaba más por hábito que por fuerzas.
Una vez allí, el anciano, cubierto de harapos empapados de sudor, exclamó:
-¡Al fin, aquí estoy¡
[ El aspecto del anciano será la última prueba para Hammadi, el cual se muestra humilde y hospitaliaro con el mendigo, reconociendo en él al hombre de conocimiento que saciará su sed de sabiduría que le irá desvelando el significado de cada uno de los símbolos del País de los enanos. Cada uno de ellos posee uno, dos o varios sentidos, y estos pueden ser diurnos o nocturnos]
-¡Venerable maestro! -exclamó Hammadi-. Que el cielo prolongue tus días y no deje de esparcir el fulgor de tu gran luz que disipa las tinieblas de la ignorancia.
El anciano carraspeó, tosió, lanzó al suelo un largo chorro de saliva, comprimió la punta de su nariz entre el pulgar y el índice de la mano derecha y recitó como una cantinela:
Retén lo que has aprendido,
tú que tienes la ciencia en gran estima
y sabes que el saber vale más que el ámbar,
que el coral y aún que el oro fino.
Has meditado profundamente,
y largamente has buscado.
Sólo habías visto los signos,
y ahora tienes el significado
del primer secreto del país de los enanos,
que pertenece a Kaidara,
el lejano y tan próximo Kaidara.
[.....]
Surgió un gran resplandor y Hammadi exclamó:
- ¿Y cuáles son los sentidos del octavo símbolo del país de los enanos, oh maestro, tú que sabes por que la sal sala y por qué el pájaro que planea no cae, cómo la flor se vuelve fruto y cómo el fruto se convierte de nuevo en el árbol que lo produjo?
Sin levantar la cabeza, que había bajado anteriormente como si leyese un tema geomántico, el viejo mendigo afirmó:
- El verdadero saber es un destello que viene de muy arriba. Rasga la oscuridad de la ignorancia como el relámpago atraviesa el gran nubarrón negro que oscurece la nube. Cuando penetra en un alma, le asegura alegría, salud y paz, res cosas que los hombres han deseado siempre par ellos y para los que aman. La vida prometió bajo juramento que la existencia sería perpetua. La muerte juró ponerle término. La luz disipa las tinieblas, la oscuridad envuelve y devora la luz. ¿Cuál de las dos se llevará la mejor parte?. Cuando una familia lamenta una defunción, otra celebra un nacimiento; la ruina de unos constituye la fortuna de otros. Has de saber, Hammadi, que los dos árboles que intercambian su frondosidad simbolizan la rivalidad, una de las grandes y poderosas leyes secretas de la naturaleza perenne. La muerte contra la vida, lo bello contra lo feo, el mal contra el bien. Hammadi, sólo habías visto los signos, y ahora tienes el significado del octavo secreto del país de los enanos, que pertenece a Kaidara, el lejano y tan próximo Kaidara.
[.....]
—¿Y cuáles son los sentidos del décimo símbolo del país de los enanos, oh maestro que conoce el secreto de los símbolos ternarios y sabe que el tercer término de una cosa es siempre un indicador que permite descubrir los dos extremos de la misma?
El viejo mendigo se prosternó hasta tocar el suelo con la frente. Repitió el gesto tres veces, se incorporó de nuevo y sonrío ampliamente. Luego dijo:
—Uno, uno, uno, ¡oh fuente eterna de origen desconocido! ¡Oh misterio que en sí reúne los caracteres de ambos sexos! Dos, dos, dos, ¡oh rivalidad! ¡oh reciprocidad! ¡oh antagonismo! ¡ oh complementariedad! Lo cierto es que la pareja se aparea para reproducirse. La verdad es que las raíces buscan bajo tierra lo que las ramas y las hojas buscan en el aire. Y las dos partes del árbol tienen como punto intermedio el tallo leñoso.
Cuando se deshace el nudo de tres, ¡qué de reflejos saltan! Se ve el bien y al mal disputarse el corazón del hombre, y al padre y a la madre disputándose el hijo. El herrero y sus herramientas se unen para trabajar el hierro, el hombre se une a la mujer para engendrar al hijo, el agua del cielo y la materia de la tierra se unen para producir los seres y los dos pies se alternan para generar la marcha.
[.....]
El anciano cambió de forma. Se tornó en un ser luminoso, completamente distinto de cualquier hijo de Kikala y de cualquier animal de las aldeas y las sabanas. Aquel ser extendió dos alas emplumadas de oro y proclamó:
-Soy Kaidara, lejano porque sin forma, y no está al alcance de cualquiera comprenderme y sacar provecho de mi enseñanza. Soy Kaidara, tan próximo porque no hay ni obstáculo ni distancia entre los seres y yo. Adopto la forma que estimo adecuada, permito que caigan los velos y suprimo la distancia si eso me complace. Recuerda bien lo que acabas de oír, transmíteselo de boca a oreja a tus descendientes, y que así sea de tus descendientes a sus descendientes. Cédelo como cuento cortesano a tus sucesores en el trono, y como enseñanza profunda y práctica a los oídos dóciles y las cabezas afortunadas.
(...)
Las últimas estrellas desaparecieron del cielo ahuyentadas por el canto del gallo. La claridad de una aurora radiante de esperanza rasgó la oscuridad y encendió el horizonte oriental.
Kaidara extendió sus alas consteladas de oro y se elevó majestuosamente en el espacio. Echó a volar surcando los aires, dejando a Hammadi prosternado en el suelo, embargado de asombro y de júbilo, colmado de ciencia y sabiduría.
Notas:
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